Funciones del Periodismo Científico
Viernes, Julio 10, 2009Una semana antes de que se celebrara la VI Conferencia Mundial de Periodistas de Ciencia, la revista Nature publicaba un especial sobre este campo del periodismo: Science Journalism, Nature Special. En él, una de las dos editoriales abría un debate con la siguiente pregunta: cheerleder or watchdog? Es decir, alabador o perro guardián? Obviamente se refiere a la función que debe cumplir el periodismo científico.
Desde entonces le he estado dando vueltas a este tema. Los medios de comunicación en general deben informar, criticar y controlar, deben contribuir a la formación de la opinión y la voluntad pública pero, además de formar, deben entretener (1). Transparencia y democracia deben ser metas a perseguir por los periodistas. Esta parte me quedó bastante clara durante la carrera.
Si nos centramos ahora en el periodismo de ciencia, estas funciones no pierden su importantancia, incluso se reafirman más, si cabe. En otro artículo del mismo especial de Nature, se puede leer un ensayo, del periodista científico Boyce Rensberger, en el cual se analiza la evolución de los reporteros de ciencia de cheerleders a watchdogs: “Science Journalism: Too close for comfort“. El periodista destaca que el periodismo científico ha sufrido muchos cambios desde su origen hace más de un siglo, alguno de ellos más brusco que los que se conocen en otros campos de esta profesión hoy en día.
En el texto podemos leer que a finales del S XIX, había una necesidad de traducir la jerga científica a un lenguaje normal para que ésta pudiera ser comprensible para el resto de los mortales. En esta línea, en los años 30 y 40, el trabajo de los reporteros de ciencia de los diarios estadounidenses consistía según Bruce Lewenstein, historiador de periodismo científico de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York, en persuadir al público para que aceptara la ciencia como salvación de la sociedad. Y es que los propios intelectuales de la época estaban convencidos de que la sociedad era perfectible y creían en la ciencia y la tecnología como el milagro que podía conducir la civilización a ese ideal.
Con ese fin, periodistas y científicos, se vieron obligados a respetarse y a confiar los unos en los otros. Sin embargo, esta relación de mutuo apoyo favorecía, sobre todo, las maravillas de la ciencia y el respeto de los científicos, más que el análisis del trabajo hecho por estos o las anticipaciones a los efectos adversos de algunos avances en la sociedad. Y es que la ciencia ha creado fármacos para curar o mejorar ciertas enfermedades, vacunas para prevenir otras, avances que nos han hecho la vida diaria más cómoda, tecnología que nos ha facilitado la comunicación, descubrimientos que nos han dado tímidas respuestas a grandes preguntas pero la ciencia también ha inventado la bomba atómica, nos ha permitido crear armas biológicas, herramientas para controlar las libertades…
Si buscamos la palabra ciencia en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice que ciencia es el “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”. Todo lo demás, es simplemente la aplicación que el hombre hace de los avances que nos ofrecen esos conocimientos. Pero en este mundo, en el de la ciencia, en el de la cultura, en el de la economía, en el de la política (mundo no hay más que uno) hay intereses y presiones. Vivimos en una sociedad que se mueve por el dinero. A esta situación hemos llegado históricamente y por supuesto ha facilitado muchas comodidades e incluso ha favorecido el desarrollo personal pero no puede ser que lo que de valor a un hecho, a un objeto, a un descubrimiento, a un avance, a una decisión política sea el dinero, o sí? ¿Cómo se mide el valor de algo? No vivo en los mundos de Yupi, aunque confieso que soy un poco utópica, pero algo podríamos cambiar, no os parece? (… es la hora de imaginaaaaaar…)
Bueno, a lo que quería llegar con todo esto es que es ahí precisamente donde la labor del periodismo científico cobra su importancia. Por supuesto, es objetivo de este periodismo traducir el lenguaje técnico de los científicos, acercar los avances científicos a la sociedad, explicar conceptos generales de ciencia para formar a los ciudadanos, crear curiosidad e interés por temas científicos, promover y halagar la ciencia como parte de nuestra cultura, al igual que las artes.
Pero y, especialmente, es función del periodismo científico analizar e interpretar esos avances, incluidos los intereses de quienes financian los proyectos. Y, además, anticiparse al impacto social y a las implicaciones morales como la investigación con células madre y la clonación. Es decir, el periodista de ciencia no debe sólo informar sobre las novedades de los laboratorios o de las clínicas sino que debe saber evaluar esos avances y hacerlo de forma independiente ya que tienen una responsabilidad frente al público. Los ciudadanos deben estar bien informados sobre las políticas de investigación para poder ejercer con conocimiento su derecho de voto como acción que da sentido a la democracia.
Y es que „cuando política, economía y ética se dan la mano, los científicos a veces no son más creíbles que los políticos: un ejemplo de política científica en la investigación con células madre“. Esta es la entrada de un artículo del profesor alemán de Periodismo Científico de la Universidad de Dortmund, Holger Wormer, editado en la revista Science Journalism in Europe (revista en Pdf) con el título de “Beware of Breakthroughs!” (Cuidado con los avances!) (páginas 5-7). Este artículo se dirige a periodistas científicos con el objetivo de mostrar que hay que estar alerta y preguntarse ¿es verdad esto que me cuentan? Para ello, el profesor Wormer pone como ejemplo un fraude que ocurrió en Alemania, en 2004, cuando dos diarios alemanes de renombre (Frankfurter Allgemeine Zeitung y Bild) publicaron una noticia sobre un avance en la investigación con células madre, que al final resultó no ser tal.
En torno a este tema (cheerleder v. watchdog), leí hace poco un post muy clarificador en el blog del periodista científico Pere Estupinyá. En él, además, mencionaba un artículo del New York Times como ejemplo de periodismo científico de calidad excelente que os recomiendo leer.
Hoy me he excedido un poquito con este tema pero me parece muy interesante y me gustaría conocer vuestras opiniones y comentarios al respecto. Sin duda, se puede crear un debate muy interesante.
Bibliografía
(1) “Wissenschaftsjournalisten in Deutschland: Profil, Tätigkeiten und Rollenverständnis” por Bernd Blöbaum (pág. 245-260), editado en “WissensWelten, Wissenschaftsjournalismus in Theorie und Praxis“, Holger Hettwer, Markus Lehmkuhl, Holger Wormer, Franco Zotta (Hrsg.), ed. Bertelsmann Stiftung, Gütersloh, 2008


